Satelistica en Bogotá

La pregunta más esperada y que inevitablemente llega, sobre todo en un contexto como el colombiano es: ¿Para qué sirve seguir, o perseguir satélites?

Al recibirla en vivo, siempre es difícil apuntar a una respuesta eficaz: Dependiendo de la óptica del interrogador, la pregunta puede esperar una justificación económica, una académica, esperar datos concretos de su aplicación empresarial, o simplemente un horizonte en el cual se puedan poner en perspectiva las propias percepciones de algo que a primera vista parece irrelevantemente atractivo. Creo que en Tunjuelito usé la respuesta basada en el movimiento “open source”, es decir: Yo hackeo algunas cosas por que me gustan y las comparto esperando que a alguien le gusten también y pueda hacer algo mejor con ellas. No sé si eso fue del todo convincente.

Sin querer responder la pregunta, quisiera hacer un recuento rápido de las circunstancias que llevaron a éste empeño en la inútil ciencia de seguir objetos invisibles y crear espacios paralelos con su información.

En primer lugar siempre quise saber quien estaba detrás del botón rojo. Cuando en los noventas escuché por primera vez la historia de “la guerra de las galaxias” que adelantó Reagan para instalar lásers de alta potencia en satélites detectores de misiles nucleares, mi cerebro tuvo fiebre por un par de días pensando en cuántos aparatos secretos se esconderían en talleres de Skunkworks en Nevada, o Ucrania o  en algún  pueblo anónimo invadido o ex-invadido por una base secreta de los grandes países invasores. Jamás dejé de pensar en eso, en el espacio, en los cohetes fantasma de Pynchon y los satélites espía que pueden encontrar pelotas de Golf con sus súper-ojos. Hice algunos cuentos, esbocé algunas ilustraciones, pero antes había preocupaciones más inmediatas.

Como no quería producir únicamente fantasía, me dediqué en algún momento a trabajar con Cámaras de seguridad y de cirugía. Sus grabaciones podían ser adquiridas y modificadas, y usarlas para hacer una afirmación: Estas invasiones constantes a  mi cuerpo y a mi espacio las usaré antes y cambiaré su sentido antes de que vayan a parar a olvidados rincones y puntos muertos de la red.

Pasados unos años y deambulando por otras preocupaciones, hablé un día con @Tx_Rx, gran apasionado por la congestión y el ruido orbital, quien me habló de la declaración de Bogotá, un tratado de países ecuatoriales que pretendía reclamar el espacio aéreo de gran altitud como una prolongación directa de su territorio. Esto con el fin de reclamar parte en la colonización de posiciones geoestacionarias para satélites de comunicaciones. Éste dato y su idea de fabricar un puntero láser que mostrara posiciones de satélites, fue suficiente para fusionar mi actual pasión por el software generativo  con la compulsión de hacer visible una de las prótesis invasivas más enormes que nos hemos fabricado como organismo global y que ha acelerado como nunca el ritmo de las cosas hasta nuestro estadío de hiperconexión actual: La carrera espacial. Enmarcada por el auge del código en las nuevas generaciones de artistas y diseñadores, que ha conformado un grupo numeroso, fértil de ideas y retroalimentación en el que cualquier cosa parece posible, esta misión parecía ser realizable.

Pensé, que si había librerías para visualizar cualquier cosa en la red, el tráfico satelital debería ser accesible de alguna forma o de otra. Desde el 2010 en Madrid, donde Pablo Ripollés programó en Processing, con libro de mecánica orbital en mano, una serie básica de algoritmos de simulación para mi instalación Birds Within, estuve investigando formas de hacer el seguimiento satelital más fácil y accesible de trabajar a la comunidad de Processing o de otras plataformas.

Ésta parte más técnica será documenteda en la página del proyecto. Pero lo importante es contar que aunque duró un buen tiempo para encontrar una implementación decente de algoritmos que puedieran ser usados por un aficionado, la búsqueda terminó conformando todo un proyecto, con o sin futuro, pero que me da un espacio enorme para perder mi tiempo y compartir sus frutos con ustedes a través de la página, del repositorio y de presentaciones como la de Febrero en Tunjuelito, en la que fue posible llevar a cabo el láser verde de @Tx_Rx y mezclarlo con mis propios delirios.

Sin haber contestado la pregunta inicial, citaría las palabras de Jaime Forero, quien organiza Astronomía Periférica, el proyecto macro que permitió financiar una parte del proyecto satelística y cuya pasión por la astronomía lo ha llevado a varios centros científicos del mundo para simular procesos del universo, su extensión y sus componentes: (Traduciendo recuerdos más que citando)”Al venir de un mundo teórico, mi gran pasión no es sólo ver y fotografiar el espacio exterior, sino por el contrario, entenderlo e imaginar cada uno de sus elementos y de aquello que apenas podemos concebir. Desde ahí nace la pasión por observar, dibujar y fomentar la imaginación de los observadores emergentes”.

De alguna forma eso se aproxima a un porqué. Al final la intención es diseñar herramientas con quienes las usan y no para un fin determinado. El código propietario es limitado y los centros astronómicos o agencias espaciales hacen lo que los intereses de los inversionistas dictan. Si extraemos un poco de ésas capacidades, y divergimos de sus uso planeado, difundiendo su utilidad y su lógica entre comunidades creativas o de personas en busca de inspiración para su futuro, estaríamos imaginando porqués nuevos que sólo pueden ser generados en el trabajo aplicado a necesidades o intereses inesperados.

Mis favoritos:

Space Guerrilla, contra-vigilancia, visuales rumberos, el baile del satélite, callen a los pájaros, llame a su mamá vía US NAVY, música concreta, fotografía aérea, GPS-hacking, Cortarse el pelo cuando la ISS esté a >50° se lo pone lindo, taller de cómo ser un marciano – (Vía CasaB).